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sábado, enero 12, 2008

RECOPILACION DE ALGO DE NUESTRA HISTORIA



Cilleruelo de Bezana


Pueblo del Valle de Valdebezana, situado junto a la carretera nacional Santander-Madrid. Cruce de caminos, se le cita con frecuencia en las noticias cuando informan de cortes de carretera por la nieve.
Historia
Su propio nombre delata su antigüedad: cilla es el nombre en latín que daban los romanos a un almacén donde se guardaban los granos, y es un término que no se utiliza desde la edad media.
También es la cuna olvidada de un importante título nobiliario, el del Marquesado de Cilleruelo. Bajo la tutela de los Fernández de Velasco (Duques de Frías), tenía una fortaleza y marcaba el límite del territorio controlado por esta familia. Era la frontera con el dominio de los Porras con castillo en Virtus y una gran torre de Cidad de Valdeporres. Como curiosidad, una de las casas más antiguas de Reinosa se llama la Casa de Pano o del Marqués de Cilleruelo
(ver foto)
El condestable Pedro III, Duque de Frías (Pedro Fernandez de Velasco, +1559) fundó el 27 de abril de 1541 un mayorazgo a favor de su hijo Juan de Velasco, concediéndole todo el valle de Hoz de Arreba, con sus villas y lugares, la fortaleza de Cilleruelo y el castillo de Arreba.
En el Diccionario Madoz (1845-1850) se dice que en
Cilleruelo se encuentra un palacio-castillo medio arruinado, que pertenece al marqués de Cilleruelo. El pueblo no estaba en su ubicación actual: las casas que hoy conocemos se construyeron hacia 1840, cuando sus habitantes se trasladaron a los terrenos que bordean el nuevo camino de Santander a Burgos. Quedan restos del antiguo caserío en los alrededores de la iglesia primitiva (hoy en ruinas) y del cementerio.
Obtenido de "
http://www.arija.org/es/index.php?title=Cilleruelo_de_Bezana"


En la Web Valle de Valdebezana, que tan fenomenalmente administra el amigo Alberto, podéis encontrar una historia mas completa del Valle por José Luís Abad Peña

De la cual entrecortamos citas correspondientes al Valle, Cilleruelo y su entorno, en el vínculo, podéis leer en su totalidad la historia.

El Valle de Valdebezana es un pequeño territorio enclavado en la ladera sur de la montaña del Escudo, en las primeras estribaciones de las primeras montañas de la cordillera Cantábrica.
Administrativamente está situado en el extremo noreste de Burgos, pertenece al partido judicial de Villarcayo, provincia de Burgos, Autonomía de Castilla León y está vinculado con las Merindades. Su capitalidad ha pasado a Soncillo en el primer tercio del siglo XX, desde su anterior ubicación en Hoz de Arreba. Está compuesto por la friolera de veintiséis pueblos con su propio nombre y concejo. Pueblos que, tanto en extensión como en habitantes, más debieran ser considerados como caseríos aislados integradores de un único ente municipal. Está atravesado por las carreteras nacionales que unen Logroño y Madrid con el mar en la capital de Cantabria, y se hermanan en las afueras de Virtus, en la última ladera del Escudo y por la línea del Ferrocarril de vía estrecha Bilbao - La Robla. Diversas carreteras - antiguos caminos de barro - locales forman su entramado de comunicación interior.

Este amplio territorio fue habitado por los Cántabros, pueblo que, según unas fuentes, estaba constituido por diversas tribus de origen celta como fueron los Autrigones que habrían colonizado el Alto Valle del Ebro, los Caristios y los Várdulos en el oeste de su territorio. Otras fuentes afirman, principalmente el Padre Fidel Fita basándose en los escritos de Plinio, Estrabón y Tolomeo, que este pueblo era de raza indostánica y estaba constituido por las tribus de los Coniscos, Morecanos, Tamricos, Valegianos, Vadinienses, Orgenomescos, Aurinos, Blendios y Concanos asimiladas a los más poderosos pueblos celtas, anteriormente citados, en su lenguaje aunque conservaran sus propias costumbres, y tradiciones religiosas.
Se trataba de una raza robusta y dura que soportaba estoicamente el frío y el hambre, que buscaban el suicidio arrojándose desde una roca cuando ya no se sentían válidos para la guerra, o bien cuando eran hechos prisioneros por sus enemigos par así evitar la esclavitud. Eran de costumbres rudas y muy belicosas que jamás consintieron en reconocer la soberanía de Roma, como tampoco se habían sometido a los cartagineses.
Amaban con pasión sus montañas y estaban organizados en forma tribal o gentilicia, aunque de una manera muy arcaica, según indica Estrabón. Su estructura tribal era marcadamente matriarcal. Las herencias seguían la línea femenina, las mujeres eran las dueñas de la hacienda familiar y labraban las tierras, eran las encargadas de casar a sus hermanos y recibían dote por sus matrimonios.
Su forma de subsistencia era rudimentaria. Mantenían una agricultura muy incipiente, basada en la recolección de bellotas con cuya harina elaboraban una especie de pan. Conocían algunos cereales con los que elaboraban cerveza y practicaban una ganadería primitiva. Se tiene noticia de la cría y pastoreo de cabras, cerdos y caballos.
Eran tribus seminómadas que perseguían el saqueo y el pillaje de los pueblos vecinos de la meseta, aunque levantaran poblados fortificados con empalizadas en los que se refugiaban en caso de peligro.
El romano Agripa, encargado de la pacificación de las tribus montañesas por Augusto, decidió terminar con el cáncer en que estos pueblos norteños se habían convertido para el Imperio Romano y se lanzó con toda su fuerza contra ellas hasta que logró derrotarlas por completo.

La romanización, a pesar de la presencia de las tropas, no alcanzó en su totalidad a los Cántabros del Valle de Valdebezana, muchos de los cuales se refugiaron en valles de difícil acceso, como en los lugares de Arreba, Munilla y Riaño. Con el paso del tiempo perdieron su lengua, pero aún se siguen conservando palabras, giros y expresiones, recuérdese el cambio de la "o" por la "u" en el final de las palabras, se sigue manteniendo la estructura familiar dependiente de la autoridad matriarcal, el pago de una dote por parte del hombre al anuncio del matrimonio -la costumbre del pago de "la cuartilla" por parte del novio-, se le da la minina importancia ala vida urbana, lo que favorece la dispersión de la población en pequeños núcleos casi tribales y endogámicos, el escaso afecto y, en ocasiones, el desdén de "los valdebezanos" a las entidades supratribales y el inmenso apego a la familia y al propio pueblo. Aún perviven usos basados en las costumbres, muchas veces al margen de la legalidad vigente. Así mismo se citan los enterramientos realizados hasta la alta Edad Media en sarcófagos antropomorfos excavados en la roca viva, tal como pueden contemplarse en las poblaciones de Munilla y Virtus.

El Valle de Valdebezana, sin embargo, fue una zona suficientemente romanizada en razón de su llana extensión, del establecimiento de las legiones romanas en sus tierras, de su facilidad de comunicaciones con el resto del territorio y con la ciudad de Julióbriga. Y sobre todo a la fundación de un castro romano cercano a Vindia, o sobre la propia ciudad cántabra, y ocupado por la Legión IV Macedónica en Virtus, lugar donde se firmó el armisticio, que no la paz como demuestran las sucesivas campañas durante los años 24, 22, 20 y 19, entre Augusto y los Cántabros a las órdenes del Caudillo Corocota.
Desde la Edad Media hasta nuestros días

Con Alfonso II rey de Asturias, llamado "El Casto", en los años finales del siglo VIII y principios del IX comienza la repoblación de las tierras, que es la primera forma de iniciar la Reconquista. Hay prisa por buscar espacio vital para las multitudes que viven amontonadas en los remotos e inaccesible valles de la cordillera Cantábrica. Así es como el abad Vitulo se dirige hacia las primeras estribaciones de la cordillera y funda nuevas poblaciones, entre las que destaca Área Patriani (Espinosa de los Monteros) en el año 800. El conde Gundesino se adentra más hacia el norte y el oeste fundando Sotoscueva y Bricia en el 811. Todas ellas son colonias de agricultores y pastores que llegan con sus aperos y rebaños y se establecen en los valles y llanuras, mientras que los guerreros lo hacen en las alturas, con el fin de proteger a sus vasallos.
En el año 814, los Anales Castellanos registran un éxodo compacto desde os picos de Europa hacia el norte de Palencia y Burgos.
Se puede afirmar por tanto que la población y colonización de manera estable del Valle de Valdebezana son llevadas a cabo por los vascones por medio de la repoblación iniciada por el abad Bituo hacia los años 800 y continuada por el cántabro-astur Conde Gundesino entre los años 811 y 814, en que podemos considerarla como definitiva.
Estas poblaciones de las estribaciones de la parte más oriental de los montes cántabros, las tierras del Monte Vindio donde habitaban los vadinienses, fueron el germen del nuevo reino de Castilla, al que dieron su propio nombre. a medida que se iban creando nuevas poblaciones se levantaban castillos desde los que los señores defendían los cultivos y ganados de los colonos. Esta zona es repoblada fundamentalmente por vascones en la zona oriental y Cántabros en el centro y el oeste. Estos repobladores están muy poco romanizados y exigen la concesión de fueros que resguarden sus derechos consuetudinarios y costumbres. Así se conocen los fueros de Brañosera, Castrosiero, Berbería, San Zadornil y por lo que a Valdebezana interesa, los fueros de Barrio y de Bricia, a los que sin duda estuvo acogido. Los foramontanos se establecen como pequeñas repúblicas independientes, con sus propias leyes, sus propias costumbres y los fueros otorgados. Para la impartición de tan antiguas y complejas leyes se ven obligados a crear la imagen de un hombre bueno que se encargará de administrar la justicia, aplicar los fueros y dirigir a las poblaciones en su lucha contra las razzias constantes de los árabes.
Con la llegada al trono de Asturias de Ordoño I en el año 850, se legaliza esta situación colocando esta zona oriental de su reino bajo la protección de un pariente suyo, el conde Rodrigo quien repuebla la destruida ciudad de Amaya y ataca sucesivamente a los moros en Pancorbo y Talamanca. Sin ninguna duda los hombres de Valdebezana participaron como guerreros en estas gestas.
Los diferentes condados de Castilla, templados por la lucha, fuertes con la riqueza y el botín y orgullosos de sus fueros comienzan a constituirse en una preocupación para los gobernantes por sus particularismos. Se van sucediendo los condes -jueces que intervienen cada vez más decididamente en la política del reino de León y en las guerras internas de sucesión y contra los árabes en pos de la reconquista de los Territorios En el año 1.000 el condado de Castilla está bajo la legislatura del Conde Sancho, llamado el Conde de los buenos Fueros, casado con una hermana del rey Sancho III de Navarra, llamado El Mayor.
Se trata de un gran legislador y mejor guerrero, pero muere prematuramente en el 1.017 y deja como heredero a su hijo García, un niño de tan solo 9 años. Cuando el joven García cumple 19 años decide casarse con la princesa Sancha, hermana del rey de León, donde se dirige acompañado por su tío Sancho de Navarra. Allí es asesinado, el año 1.029 por los Vela, unos nobles alaveses que habían sido despojados de sus bienes por su padre.
Al quedar vacante la sucesión al condado, Sancho III de Navarra, casado con su propia sobrina Munia, hermana de García, toma posesión del condado para incorporarlo al Reino de Navarra. Esta situación se prolonga hasta que el rey de Navarra es vencido en la batalla de Atapuerca en el año 1.054 con lo que Fernando I, último conde de Castilla y primer rey de Castilla y de León incorpora a su reino todas las tierras del condado de Castilla.
El Valle de Valdebezana, como parte del condado de Castilla pasó por todas estas vicisitudes, por lo que se puede deducir la relativa independencia de que gozó hasta principios del siglo IX en que queda incorporado, posiblemente dentro del alfoz de Bricia o del de Sotoscueva, al naciente condado de Castilla hasta el año 1.029 en que pasa a depender del reino de navarra, y al reino de Castilla y León en 1.054.
La repoblación de las tierras de Valdebezana por parte de gentes venidas de las tierras vascas ente los siglos VII y IX, así como su pertenencia durante veinticinco años al reino de Navarra queda patente por la gran cantidad de términos y palabras a las que alude nuestra propia toponimia. Con respecto a ello baste citar todas las que aluden a los bascones (Villa-Bascones).
La segunda mitad del siglo XI, así como los siglos XII y XIII sigue una trayectoria unida al Reino de Castilla con una marcada tendencia feudal en su estructura económica y la política basada en el sistema de merindad, con administración por medio de los concejos abiertos (asamblea de todos los vecinos) quienes se ocupaban de la toma de decisiones en todo lo ateniente a la comunidad.
La alta Edad Media, en los siglos XIV y XV, encuentra el Valle de Valdebezana enfrentado consigo mismo, dividido en dos bandos y con frontera entre el marquesado de Cilleruelo de Bezana y el señorío de los Porras.
Una línea imaginaria que se pudiera trazar entre Las Torres y el alto del Escudo podría delimitar la frontera entre ambos dominios.
Así el marqués de Cilleruelo de Bezana, partidario del duque de Frías, levantaba su castillo de defensa -desaparecido entre finales del siglo XIX y principios del XX- en el pueblo de su nombre para oponerse a su rival, el noble Porras partidario del marqués de Espinosa de los Monteros, quien tenía su castillo -que hoy día aún se yergue orgulloso- en la Villa de Virtus.
Los siglos XVIII y XIX encuentran a Valdebezana dedicada a sus quehaceres fundamentales, agrícolas y ganaderos. Pero comienza a despuntar una nueva actividad: la hostelería.
Lugar de paso obligado entre el mar y la meseta, toman gran importancia como ruta comercial los dos "caminos reales" actuales carreteras N. 232 y N. 623, que atraviesan el valle. Así encontramos lugares y pueblos que crecen a partir de mesones (Me-SONCILLO, Quintanaentello-QUINTA de don Tello-, PARADORES de Bricia en el alto de Carrales), grandes casonas de piedra fácilmente reconocibles para este fin, en la casi totalidad de los pueblos. Prueba de la pujanza comercial del valle son las construcciones civiles, como las casas y la plaza de Soncillo, y sobre todo religiosas, iglesias de estilo neoclásico y racionalista propias de esta época de florecimiento económico en la práctica totalidad de los pueblos, añadidos en forma de nuevas capillas y pórticos a las construcciones románicas y tardogóticas ya existentes, como son los casos de las Iglesias de Virtus, Montoto, Bezana y Argomedo. La importancia antaño militar y estratégica de los pueblos, Virtus y Hoz de Arreba, va dejando paso a la nueva pujanza comercial de las encrucijadas de caminos y lugares de reposo, de los cuales son ejemplos sintomáticos Soncillo, Cilleruelo de Bezana y Cabañas de Virtus.
La aparición de los nuevos medios de comunicación, más rápidos y con menores necesidades de parada y estancia como es el caso del tren, de los automóviles y autobuses, relegó la actividad hostelera e hizo retroceder de nuevo a Valdebezana a su época anterior de economía puramente agrícola durante la primera mitad del siglo XX. La revolución industrial de los años 60 y 70 contribuyó a la práctica despoblación del Valle que loa llevado a su actual situación.

martes, enero 01, 2008

RECETA DE TORREJAS






FELIZ AÑO 2008




LAS TORREJAS

Nos pedían la receta, pues allá vamos, es sencilla y solo requiere un poco de cariño.

Ingredientes, pan, leche, azúcar, canela en polvo y palo, huevos y aceite, cantidades hasta que nos aburramos. (Para 6 torrejas, 6 rebanadas de pan del día anterior, 1/2 litro de leche, 2 huevos, 250 c.c. de aceite de oliva, 3 cucharadas de azúcar, un botecito de cala en polvo y una barra de canela en rama.)
El pan, aunque en el mercado encontraremos panes especiales para torrejas, tipo Bimbo y demás, a nosotros nos gustan mas las clásicas con unas buenas barras de pan del día anterior.
Recortaremos las barras de pan en trozos de dedo y medio o dos dedos de espesor y desecharemos las puntas.
En una cazuela profunda mezclaremos leche, azúcar (la leche que quede bien endulzada, es mejor pecar por exceso que por defecto) y la canela en palo, calentándola sin dejarla hervir y a continuación ponemos en la misma a remojar hasta que empapen bien los trozos de pan.

Con el pan suficientemente remojado, sin que el mismo se nos rompa en las manos, lo dejamos escurrir un poco y después lo rebozamos en huevo batido.

A continuación tras haber puesto a calentar un buen aceite en la sartén (bien caliente hasta el punto de empezar a humar, pero sin pasarnos pues corremos el riesgo de que se quemen), freiremos el pan jugoso y rebozado hasta que adquiera el color de la fotografía.

Después las colocamos en un plato o en una fuente, las espolvoreamos azúcar y canela en polvo, por las dos caras y las vamos colocando apiladas en varias capas, así siempre las de abajo las encontraremos mas jugosas.

Prepararlas horas antes de las cenas de Nochebuena y Nochevieja, para postre de las mismas, pero cuando realmente las encontraremos deliciosas será en el desayuno del día siguiente.

Animo y que aproveche, tampoco es necesario esperar un año para degustarlas, las podéis preparar mañana mismo y con un poco de experiencia las de las próximas navidades os saldrán riquísimas.

En el Valle también son un clásico de nuestra gastronomía en Carnavales.
Un saludo a todos los amigos del Valle de Valdebezana y si alguien tiene recetas alternativas que nos las cuente en comentarios.